Viajar, recibir y dar.

Viajar, recibir y dar.

– por Sílvia Ferrer –

Me acompañan en moto por una montaña cada vez más verde y más frondosa. Llego a clase el primer día con muchas ganas e ilusión.

Hace mucho calor a pesar de ser las ocho de la mañana. El lugar es precioso, en medio de la naturaleza.

Primer contacto de miradas con la gente que está desperdigada en la entrada de la casa; un jardín verde con rayos de sol que se filtran entre los árboles.

Intento adivinar quién será la profesora. Confío plenamente en que me lo voy a pasar bien y voy a aprender algo nuevo.

Presentaciones, repelente de mosquitos, bebidas de color lila con hielitos.
Compañeras de distintas nacionalidades, Thailandia, Estados Unidos, Hawai, India…y yo.

Nos explican. Empezamos. Recogemos hojas de índigo, la planta con la que haremos el singular color azul. Las limpiamos. Preparamos la pasta que servirá para teñir nuestras creaciones, en puro algodón, después de haber hecho previamente los diseños con distintas técnicas que nos enseñan.

Tres días de un proceso laborioso, nutridor, divertido y caluroso.
Hacer un taller creativo por puro placer de seguir formándome, creando y compartiendo.

Queda en mi cuerpo y en mi mente el recuerdo de las experiencias vividas, imágenes que no fueron fotografiadas, olores y sabores, que quizás olvide con el tiempo, y mis creaciones como souvenir material para guardar en mi taller.

Viajar para descubrir / descubrir-me. Viajar para conocer, ver y disfrutar espacios fuera y dentro de mí.
Talleres para dar, para recibir y poder continuar dando.

La vuelta al mundo en tres días. Tela de araña que me atrapa.