Cuerpos libres

“Firedance” de Julia C. R. Gray

¿Por qué llora esa mujer?

Vete tú a saber…

Abrazos vacíos. Ojos cerrados que no quieren ver.

Caminamos con prisa, sin importarnos lo que asumimos como normal.

 

Esclavas de la escoba y de las fregonas.

Esclavas de trabajos precarios,

limpiando hoteles, suelos y culos.

Esclavas del placer ajeno.

Esclavas de los cuidados, pensando siempre en los demás.

Y nosotras para el final.

 

Esclavas de la cinta métrica,

de las poses con morritos para gustar.

Esclavas de nuestra imagen, de la moda, de entrar en la talla 38.

Esclavas de la eterna juventud.

 

Esclavas del control, de la posesión.

Esclavas del amor que no ocurre como en las películas.

 

Esclavas de la mirada salivada de los otros, como si fuéramos trozos de tarta.

Conteniendo nuestro cuerpo, nuestra risa, nuestra ropa, nuestra mirada, nuestros movimientos.

No sea que inciten, provoquen, justifiquen.

Contenidas. Evitando lugares y horas. Evitando la soledad.

 

“Nos han enseñado a tener miedo a la libertad,

miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad”, decía Lagarde.

Y ahí nos quedamos desoladas: vacías de nosotras mismas.

Huyendo, desconfiando, evadiendo, asustadas, inseguras, inestables, aisladas…

 

Pero tan solo hace falta un encuentro de miradas cómplices,

un pequeño roce con otro cuerpo tembloroso,

para darnos cuenta de que no estamos solas.

Somos muchas.

Y ya no queremos tener miedo, ni tener que ser valientes.

Queremos ser libres.

 

Nos unimos, caminamos, nos entendemos, nos espejamos, nos respetamos,

nos apoyamos las unas en las otras,

respiramos juntas

y junto a las otras nos fortalecemos

para ocupar el espacio, que es tan nuestro como el de cualquiera.

 

 

Ahora que he aprendido a volar,

no dejaré que me corten las alas, saldré a disfrutar de la vida.

 

Ahora soy una mujer de carne y hueso.

Ni princesas, ni cenicicentas, ni flores,

ni topo model, ni superwoman.

Ni madre de familia, ni virgen María,

ni bella durmiente, ni harpía, ni mojigata, ni estrecha, ni fresca, ni lagarta.

Ahora soy una mujer de carne y hueso y

Voy a tomar mi espacio y mi tiempo.

 

Un paso adelante.

Agitamos nuestros corzones en el aire para que vibren sin miedo con cada canción.

Y nos lanzamos a danzar la libertad.

Mujeres libres, mujeres sin temor.

Mujeres con amor propio.

A sentir, a expresar.

A soñar, a reir, a volar.

A vivir.

Se libre, se tú y no pares de bailar.

 

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